nº3 (año 2002) - Ser Natual

Revista Paramahamsa nº3

año 2002
Ser Natural

Swami Niranjananda Saraswati

Hay una historia acerca de un maestro que vagaba por el extranjero con algunos de sus seguidores. Durante sus viajes llegó a Atenas, donde había un festival con una competencia de tiro con arco. Gente de todas partes de Grecia y Europa habían venido a esta feria y querían que el maestro participara en la competencia así podían observar sus destrezas. El ganador de la competencia recibiría un bloque de piedra de la Acrópolis, ¡para llevarla a casa! El maestro, en realidad, no estaba interesado y decía, "¿Qué voy a hacer con semejante roca en mi ashram?" Pero sus discípulos decían, "Bueno, se vería bien y la podría usar como silla. Deseamos que lleve esa roca de la Acrópolis a la India."

De alguna manera, se convenció al maestro a la idea de competir con los otros arqueros. Después de dar su nombre esperó su turno en la cola. A cada participante en el concurso de tiro se le daban tres flechas para tirar al blanco, que estaba a setenta metros, la distancia usada en las Olimpíadas. Muchos trataron, pero algunas flechas caían antes y otras se pasaron del blanco. Tengo la sensación de que pocos querían arrastrar esa piedra de la Acrópolis a su casa.

Cuando le llegó el turno al maestro, se juntó una gran multitud para ver este indio famoso que había venido a participar del concurso. Eligió una flecha, posicionó su cuerpo, chequeó la dirección del viento, la humedad del aire, aseguró que la flecha estuviera derecha, se ajustó el sombrero y muy orgullosamente dejó volar una flecha. A pesar de todas las precauciones, la flecha erró su objetivo, más o menos, por treinta o cuarenta metros. La gente empezó a reírse y comentar.

Sin embargo, el maestro tenía un discípulo brillante, que dijo, "Bueno, debe haber una razón por la cual la flecha erró el objetivo." Y le formuló una pregunta, "Oh Grande entre los Grandes, tienes tanta concentración y focalización, ¿cómo erraste el blanco?" El maestro respondió: "Bueno, la persona que disparó la flecha estaba demasiado confiada y cuando estás demasiado confiado y no te enfocas de manera apropiada es muy fácil perder el objetivo." Cuando la multitud oyó esta descripción, quedó en silencio.

Entonces el maestro tomó la segunda flecha. Esta vez la flecha llegó a menos de la mitad del camino y cayó al piso. Una vez más se oyeron risas. El discípulo llegó al rescate preguntando, "Maestro, díganos, ¿quién disparó esa flecha?". El maestro respondió: "Bueno, cuando estás demasiado confiado y erras tu objetivo, pierdes confianza. Cuando pierdes confianza, nunca eres verdadero con tu dirección y te quedas corto con el objetivo."

El maestro entonces levantó la última flecha y sin mirar a la derecha o a la izquierda, ni arriba ni abajo, simplemente la dejó volar. Y para sorpresa de todos, la flecha fue derecho al centro del blanco. El maestro le dijo al discípulo que levantara la roca y la llevara a la India. Entonces comenzaron a retirarse. Muchas personas estaban bastante impresionadas por su sabiduría y le preguntaron, "Por favor, antes de irse, díganos, ¿quién disparó la tercer flecha?" El maestro los miró y dijo: "¡Ése fue mi ser natural!"

Quizás esta historia haya ocurrido en el pasado, no sabemos, pero indica el proceso de desenmascararse, de sacarse las distintas máscaras que nos ponemos en nuestras vidas. La gente encuentra muy difícil volverse natural. Tienen que identificarse con algo, ya sea con las proyecciones de su ego, o con sus proyecciones emocionales o intelectuales, y se vuelven eso por el momento. La persona natural nunca se manifiesta realmente.

Siempre estamos proyectándonos de diferentes maneras, en todas las situaciones, sea en un evento social o sea que simplemente estamos en casa con nuestra familia. Cuando estamos tratando constantemente de proyectarnos, creamos ciertas identidades con las que nos asociamos profundamente. Nosotros tenemos siempre este anhelo interior de ser reconocidos como únicos, como alguien capaz de proyectar la personalidad de manera que nos haga superiores a los demás. Así que nuestro anhelo ha sido tener la prioridad en el desempeño, o en la inteligencia, o en las expresiones, o en la creatividad.

Parece que nos balanceamos entre los dos polos de demasiada confianza y falta de confianza. Ambos estados crean la destrucción de la armonía interior y la paz, llevándonos al estrés y a tensiones de naturaleza psicológica, emocional y espiritual. Demasiada confianza puede llevar a la arrogancia y a una mente cerrada. Falta de confianza puede llevarnos a la depresión y a la pérdida de autoestima. Pero hay un proceso de desenmascarar todas estas identidades y volverse natural.

Cuando eres natural, fluyes con las situaciones y circunstancias de la vida, hay una mayor adaptabilidad, ajuste y aceptación. Éstas son las cualidades que nos faltan como seres humanos. El yoga nos ayuda a encontrar nuestra naturalidad interior y a volvernos conscientes de las distintas identidades que adoptamos en el curso de nuestras vidas, reconociendo lo que es apropiado e inapropiado para nosotros.

Se les hace muy difícil a los adultos, por sus condicionamientos, cuando tratan de cambiar sus identidades y volverse naturales. Cuando enfrentamos estos condicionamientos se crea más estrés y ansiedad. De todas maneras pareciera que nos podemos arreglar. Es un proceso lento y gradual en el cual tratamos y fallamos, tratamos y fallamos, tratamos y fallamos. Aquellos que continúan a la larga tienen éxito. Como la historia de la liebre y la tortuga, lento y constante se gana la carrera.