Yajna 2007

Actividades

Invitación al YAJNA 2007

Cada año se celebra en Rikhia, India, donde reside Paramahamsa Satyananda, el programa de Sita Kalyanam y el Rajasooya Yajna.

Swami Satyananda

"Yajna es la cura, el remedio que buscaban los defensores y amantes del ambiente. Yajna purifica la atmósfera akáshica. Todos los que creen que hay que limpiar el ambiente de los gases que provocan el efecto invernadero y de las emisiones tóxicas, deben practicar yajna, no sólo en la escala en que lo practicamos en el Sat Chandi Mahayajna sino también a nivel individual, sentados en su casa, donde cada uno viva. Ello obrará maravillas.". Swami Satyananda Saraswati

Swami Satyananda invita cada año a todos los aspirantes espirituales a presenciar el Rajasooya yajna, el cual tiene una duración completa de 12 años y se celebra en los meses de noviembre o diciembre (dependiendo del año). Como ya se realizaron los 11 primeros yajnas queda el último por efectuarse: 2007. Este año 2007 el yajna se celebrará del 10 al 14 de diciembre, siendo la culminación del ciclo de 12 años..

Como cada año, un grupo de Satyananda de Uruguay estará presente en el yajna, y te invitamos a acompañarnos. Si tienes intención de ir puedes comunicarte con nosotros por este medio. La salida será alrededor del 10 de noviembre. Como este año el yajna cae relativamente lejos de nuestras fiestas (Navidad y Año Nuevo), es una buena oportunidad para las personas a las que no les es posible ausentarse durante las mismas.

"Los yajnas se realizan para conectarse con Devi (que representa la Energía Universal), para que nos brinde riqueza, una vida larga, éxito, buena salud y que fluyamos en estos perturbados océanos de la vida. El yajna persigue eliminar el dolor en la gente y encarrilar su vida. En la vida hay dolor, sufrimiento y desastre, pobreza, enfermedad, miedo a la muerte y muerte. Este sufrimiento puede remediarse por la gracia divina, la cual es el propósito del yajna".


Una invitación - Swami Satyasangananda Saraswati

Namo Narayana

No es para nada sorprendente que, a diferencia de lo sucedido en otras oportunidades, los tópicos más candentes de la última reunión de los países del G8 no hayan sido las reformas económicas o las estrategias de marketing, ni las sanciones o el incremento en el precio del petróleo. Ni siquiera las armas nucleares coronaron la agenda esta vez. En lugar de ello, la principal preocupación fue cómo reducir el alarmante ritmo al que se va desintegrando la Tierra y peligra nuestra propia existencia en el planeta. Y, si no la nuestra, con seguridad está en peligro la existencia de nuestras futuras generaciones.

Parece seguro que nuestros nietos y bisnietos no disfrutarán del lujo de crecer en la falda nutritiva de la madre naturaleza. Las atrocidades de la vida moderna han provocado la violenta furia de la naturaleza a tal punto que calamidades, catástrofes y desastres están cada vez más a la orden del día. Quizá la raza humana, enferma por su dependencia de servicios artificiales, se extinguirá frente a esta justificada furia.

Después de todo, cuando hemos sido reducidos a tal esclavitud que ya no nos atrevemos más a beber agua directamente de un pozo o de la canilla, y debemos confiar en el "agua protegida" y embotellada a efectos de mantenernos sin bacterias, ¿qué podemos esperar? Pronto habrá tiendas donde obtener una dosis de aire fresco y puro a precios atroces que secarán nuestros bolsillos. Cuando los requerimientos básicos como el agua y el aire, que la naturaleza nos ha regalado libres de polución, están tan contaminados que ya no tienen remedio, ¿cómo podemos soñar con un futuro brillante para nuestros niños y niñas?

El calentamiento global se ha vuelto una grave amenaza a medida que las industrias multinacionales, baluartes de la vida moderna, siguen lanzando gases tóxicos a nuestras gargantas a pesar de estar enterados de las consecuencias de sus acciones. El peligro es tal que en el transcurso del tiempo muchos países rodeados de agua -sin mencionar a las islas pequeñas - pueden quedar totalmente sumergidos en unos minutos, con la totalidad de sus grandes fábricas y de la gente que se esfuerza en ellas un día sí, y otro también. Parece que nuestros líderes carecen de capacidad de previsión y de visión, pues si no queda nadie para disfrutar de la riqueza que se amasa en esas grandes industrias, ¿para qué todo el despliegue? Esto no es imaginación desenfrenada, en absoluto, sino la cruda realidad. No debe asombrarnos entonces que los líderes del mundo - una extraña raza que ya no piensa en términos de armonía, paz o mantenimiento de la belleza natural del planeta, porque esas cosas no se convierten en dólares tan rápidamente como la desarmonía, los disturbios y la fealdad de la guerra- se tomen un recreo y dediquen su atención a la urgencia de hacerse amigos de la ecología.

Por supuesto, sabemos que la naturaleza, eventualmente, genera destrucción. Los planetas mueren, desaparecen naciones enteras, los ríos cambian su curso, las montañas se hunden, así que ¿qué posibilidades podemos tener los simples mortales frente a esta naturaleza alucinante? Sin embargo, a pesar de la destrucción que instiga, la naturaleza es esencialmente benévola, pues en su esquema la destrucción es un paso necesario hacia la transformación y el rejuvenecimiento. Pero, por su lado, la destrucción diseñada por el hombre no deja lugar al rejuvenecimiento. Es eliminación sin ninguna huella de piedad o compasión. Hiroshima y Nagasaki son prueba de ello.

En la antigua era védica, los rishis y munis idearon formas de compensación por los inevitables procesos destructivos que resultan de los estragos del tiempo. Eligieron devolver a la naturaleza lo que tomaron de ella, restaurándola en lugar de agotarla. Estos rishis, que fueron los científicos originales de nuestro planeta, eran amigos de la naturaleza: diría que fueron los primeros ecologistas. No solo trataron de preservar la naturaleza, sino que fueron varios pasos más lejos al adorarla bajo la forma de prakriti o devi. Para ellos, el símbolo de la naturaleza, la Tierra y todos sus componentes era la madre que nos nutre y alimenta.

En reconocimiento a sus tributos, la naturaleza buscó la forma de compensarse a sí misma. Así, aunque los rastros de los yugas Satya, Treta y Dwapara se habían perdido para siempre, se mantuvo la grandiosidad de la naturaleza. Aunque el puente a Lanka, construido en su momento por Sri Rama en el yuga Dwapara esté ahora sumergido debido al calentamiento global, y la isla de Dwarka se haya hundido después de la muerte de Krishna, millones de años más tarde, la Tierra sigue guardando rastros de esos hechos.

En claro contraste, la destrucción que causarán los inventos del hombre cuando se activen a su máximo nivel no dejará rastros de este mundo moderno. Einstein, el padre de la ciencia nuclear, imaginó que, al final, cuando el hombre haya perdido todo lo creado, volverá a pelear con palos y piedras, como los hombres primitivos.

Así las cosas, quizá alguien debería infiltrar secretamente la idea de yajna en la agenda de los líderes del G8 que deciden nuestro destino, aunque muchas veces no estemos de acuerdo con sus políticas. Porque a menos que se introduzcan algunos métodos fuertes, probados y testeados para mantener el ecosistema, se derrumbará todo el entorno.

Ya está sucediendo a millones de millas de nuestras casas, en el Ártico y el Antártico. Los glaciares se derriten tan rápidamente que se ve perturbada toda la flora y la fauna, que son vitales para el ecosistema. Aunque por el momento esto no afecte nuestros sueños por la noche, ni nuestro disfrute del día, no pasará mucho tiempo antes que los niveles del mar suban drásticamente y comiencen a afectar nuestras costas.

La humanidad tiene que aprender a cooperar con la naturaleza, en lugar de oponerse a ella. El deseo de copiar y de hacer naturaleza sintética, tal como está sucediendo hoy en el mundo, es arrogancia personificada y posiblemente algo catastrófico también. A la naturaleza hay que reverenciarla, no ridiculizarla. Faltarle el respeto equivale a faltarse el respeto a uno mismo y amenazar su dignidad es, de hecho, amenazar la dignidad propia. Honrar esta energía salvaje y primaria -en lugar de desafiarla- es la única manera de subyugarla e invocar su benevolencia. Los yajnas han sido diseñados con esta finalidad, porque a la naturaleza le agrada y se queda feliz con el acto del yajna.

El primer gran salto que dieron nuestros ancestros primitivos fue el descubrimiento del fuego. Fue un hallazgo que cambió categóricamente el curso de nuestro destino y nos trajo al nivel actual de evolución. Si bien en el trayecto se han hecho descubrimientos increíbles, tenemos que admitir que los misterios de la naturaleza siguen siendo un enigma. En cualquier momento, la naturaleza puede reducir al hombre a cenizas, sin dejar rastros de su existencia.

Entonces, ¿con qué motivo nos sentimos orgullosos de nuestros logros, si ni siquiera podemos evitar un tsunami que puede llevarse a millones de personas en minutos? Así como el descubrimiento del fuego catapultó al hombre a otra dimensión en aquel momento, es también mediante fuego y sonido -los dos componentes principales del ritual del yajna- que el hombre podrá darse cuenta de cómo establecer su conexión con las fuerzas que abundan en el universo.

Esta es probablemente la razón por la que Swami Satyananda rescató este antiguo ritual del yajna, creado por los rishis y munis de India. Así como en 1968 empezó a presentar sistemáticamente las hasta entonces desconocidas prácticas del yoga para la evolución del hombre, de los niveles más burdos de la mente hasta los más altos, en 1988 empezó a presentar del mismo modo científico y sistemático la práctica esotérica del yajna, para que la humanidad cuente con una herramienta -o medio- para tener una existencia segura en este planeta.

Al principio, realizó el dificilísimo Panchagni yajna que pocos se atreven a llevar adelante porque sólo puede hacerlo quien cuenta con la benevolencia de la naturaleza; de lo contrario, los elementos lo atormentarían y podrían incluso causarle la muerte. Después, anunció el Rajasooya yajna, un evento que incluye el Sat Chandi Majayajna y Sita Kalyanam. Este Mahayajna, que se lleva a cabo en Rikhiapeeth desde hace once años, ha visto pasar a millones de devotos y devotas.

Ahora, el yajna está en su último año, el de su culminación. Este año, el sankalpa de Swami Satyananda se terminará y se puede afirmar que ha dejado instalado el sistema del yajna para que las generaciones futuras lo aprovechen con múltiples propósitos.

Se pueden hacer yajnas para la salud, la abundancia, la felicidad y la paz mental; para engendrar un hijo, para que llueva, para destruir a un enemigo poderoso, para apaciguar a la naturaleza, lograr buenas cosechas, incrementar bienes y propiedades, conseguir un compañero adecuado, invocar la gracia divina, generar armonía en el universo, o liberar a la Tierra de hambrunas y enfermedades. Las razones son muchas y cada una es acorde a los requisitos de cada uno.

Claro que los sistemas modernos también tienen maneras de conquistar al enemigo, de lograr cosechas abundantes, aumentar la riqueza, conseguir un buen marido y una descendencia saludable, pero se trata de vías bruscas y violentas, en contraposición al método del yajna, que es armonioso y pacífico porque no busca destruir a los demás para mejorar lo propio.

El yoga resultó un gran regalo para el hombre del siglo XXI, que tiene dificultades para encontrar el equilibrio entre las presiones del éxito y su necesidad de relajarse, liberarse y ser feliz, al menos por un rato. Yoga nos ofrece la posibilidad de ser exitosos y humanos a la vez. El yajna resultará un regalo para la próxima generación que, aunque inconsciente de la herencia maldita que recibirán, tarde o temprano se darán cuenta de los peligros inminentes que enfrentará el planeta. El yajna les dará la posibilidad de combatir esos desastres.

Es un error imaginar que las personas que escribieron los vedas y los upanishads desconocían los peligros que traería consigo el desarrollo de la tecnología para el planeta. Hay numerosas pruebas de que tenían perfecto conocimiento de las fuentes de energía, la aviación, los misiles y los sofisticados armamentos de guerra. Los bebés de probeta y la clonación tampoco les eran desconocidos, y no sería sorprendente que también contaran con teléfonos móviles, dada la velocidad con que lograban comunicarse.

El Srimad Bhagavata fue narrado ante más de diez mil personas reunidas para escuchar este discurso de Paramahamsa Sukadev. No había micrófonos ni sistemas de audio altamente sofisticados, así que, ¿alguna vez se preguntaron qué técnica utilizaron para que la amplia audiencia escuchara al conferencista? Este no es más que un simple ejemplo muy revelador; se pueden citar muchos más, a fin de mostrar que se trató de una civilización -o raza- muy civilizada, quienes quiera que fueran.

¿Por qué, entonces, defendieron el yoga y el yajna, en lugar de los satélites y los misiles nucleares? La respuesta es simple. Los primeros pueden salvar a la humanidad y ofrecerle tiempos de gloria en la Tierra, mientras que los últimos llegarían a extinguir y erradicar no solo a la humanidad, sino hasta las mismas semillas de la vida.

Tenemos que hacer nuestras elecciones aquí y ahora. En los últimos once años, hemos sido testigos del cumplimiento del gran sankalpa de Swami Satyananda a través del yajna. El año pasado, más de ochenta pueblos de los alrededores de Rikhia recibieron prasad de yajna, que llevó prosperidad y alegría a esos hogares. ¿Qué más hay que decidir?

Este es el doceavo y último año de este espectáculo grandioso que Swami Satyananda nos ofrece a todos y todas en bandeja de oro. Vengan a sentirse elevados y elevadas por este evento y reciban la gracia del guru y de la madre Devi, que fluirán con gran abundancia en la culminación, o poorna ahuti, de un evento único en la vida.

Swami Satyasangananda Saraswati